
Enfrentar la adversidad hoy, desde la experiencia de Enrique de Ossó
El año 2025, Jubileo de la Esperanza estuvo marcado por la profundización en este tema propuesto por el papa Francisco; en respuesta, el Equipo de la Cátedra Enrique de Ossó lanzó la convocatoria para el Seminario de Investigación: “Atrevernos a tocar el Sufrimiento” con Enrique de Ossó, encontrando en él, un puente que comunica mística, pasión y realidad.
El grupo, que dedicó un año de trabajo, fue conformado por X laicos y X hermanas, con el liderazgo y acompañamiento de IDEO. El Seminario sin duda, requirió de un arduo y comprometido recorrido por textos escritos por Enrique de Ossó a lo largo de su vida, avanzando a través de su propio testimonio en la reflexión y comprensión honda de su experiencia.
En esta XI edición de la Cátedra de Enrique de Ossó, como charla marco se presentan los hitos más significativos que surgieron al realizar el recorrido por las siguientes “estaciones”:

Como orientación general de la investigación de cada estación desde Enrique de Ossó, para realizar la relectura, consideramos las siguientes preguntas:
– El contexto sufriente en el que se movió Enrique de Ossó… ¿Cómo ardía el mundo en el siglo XIX? ¿Lo tocó Enrique? ¿Qué claves descubrimos y heredamos de su acercamiento al mundo sufriente?
– ¿Cómo encontramos en él, en Enrique, ese movimiento del que nos habla la PET, que nos hace pasar del dolor a la compasión, al cuidado y a la construcción de un “nosotros”: el gesto oportuno, la compasión y solidaridad que nace de reconocer que somos parte de la misma familia y “lo que sufres tú”, me concierne?
– ¿Qué le hizo encontrar a Enrique esos gérmenes de vida y restauración? ¿Hay algo de herencia de Teresa de Jesús en esa mirada a la realidad? ¿Qué resquicios le abrieron a la esperanza? ¿Cómo permaneció en ella, en la esperanza, a pesar del propio sufrimiento que albergó a lo largo de su vida?
– ¿Qué novedad hay en todo ello para los teresianos/as que transitamos el mundo sufriente del siglo XXI y estamos llamados a la esperanza y al compromiso desde nuestro ser educadores/as?
El recorrido de las 5 estaciones propuestas llevó a reconocer rasgos fundamentales en la experiencia de Enrique de Ossó ante el sufrimiento y la adversidad.
1.“Estase ardiendo el mundo”
Contemplación de la realidad sufriente.
La primera estación supuso una lectura muy amplia y profunda del contexto vital del Enrique de Ossó en el siglo XIX y paralelamente hicimos como grupo una contemplación de las realidades sufrientes de nuestro siglo, compartiendo lo que más nos inquietaba y nos sentíamos llamados a tocar:

Al contemplar este mundo que “arde”, Enrique nos ofrece algunas claves:
- La oración teresiana como respuesta al mundo.
- Una concepción “práctica” de la vida y de la oración.
- Las publicaciones de Enrique como ejemplo de acción transformadora.
En este primer acercamiento a la experiencia de Enrique de Ossó, percibimos cómo se da en él una dinámica que parte del análisis de su contexto social y lo lleva a una respuesta doble: orar y obrar.
“¿Qué hacer entre tanto? Orar y obrar. (…) y Dios hará lo demás. Él lo ha dicho: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura”
El OBRAR es clave: ante un mundo que arde, la Iglesia debe organizarse y dar respuesta; entendiendo que cada uno asume la propia responsabilidad. Es así que Enrique hombre “práctico”, es decir, de acción que transforma, busca lo que más genere ese cambio que busca y encuentra un camino en las Asociaciones que impulsó y en las publicaciones, desde donde convoca y llama a la Unión y Acción.
La ORACIÓN para Enrique es lo primero y lo que alimenta y alienta la flama de ese compromiso.
“No hay males incurables mientras se ore” Enrique nos invita a perseverar “en estas santas prácticas (orar y obrar) y en la fundamental de todas, hacer todos los días un Cuarto de Hora de Oración (teresiana)”
Él ha descubierto que la oración teresiana es camino de conocimiento y amor que mueve a actuar. Vemos cómo va creciendo su obsesión por el Cuarto de Hora de oración como respuesta clave; desde la concepción “práctica” de la oración, porque la respuesta al dolor del mundo, nace de la oración, en la que conocemos íntimamente a Dios; para él, del desconocimiento de Dios, nacen los males del mundo.
Para Enrique, el sentido de lo “PRÁCTICO” es acercar a Dios. Acercar a la oración es lo que hace crecer y asegurar nuestros trabajos desde el plan de Dios:
“un remedio eficacísimo para todos estos males nos ofrece la experimentada Doctora, y por olvidarnos de ponerlo en práctica andamos a tientas y a ciegas. (…) No se haga o resuelva cosa de importancia sin que pase antes por la oración.” (Revista Teresiana 101, 1881)
Enrique de Ossó tiene una concepción pedagógica de lo “práctico”; no se trata de algo utilitario, o que se centre en la eficacia, en las estructuras y mecanismos, para él tiene que ver con un enfoque de flexibilidad en los medios y en la unidad. Esto se percibe claramente en los textos de Avisos, Organicémonos, la Hermandad Teresiana, la Guía Práctica del Catequista, etc.
Ante la adversidad, la respuesta práctica requiere de: Acción, Unión – Sínodo, Oración Teresiana, Conocimiento Dios, Pedagogía y Flexibilidad.
En sus PUBLICACIONES, Enrique de Ossó se hace eco de la realidad invitándonos a responder a ella; encontramos en la Revista Teresiana y el Catecismo de los Obreros y los Ricos, ejemplo de ello. Nuevamente, una clave significativa es la concepción “práctica” de la vida y de la oración.
“Bendecid al oferente de este trabajo, Santísimo Padre, a fin de que logre con Vuestra Bendición Apostólica lo único que anhela su corazón en todas sus empresas: la mayor gloria de Dios y el bien temporal y eterno del prójimo, en especial de la clase obrera, por ser en estos tiempos malaventurados la más numerosa y la más necesitada”. Catecismo de los obreros. Dedicatoria al Papa León XIII.
«Todo para vuestro mayor bien temporal y eterno, y en defensa de vuestros legítimos derechos hollados o desconocidos, para enseñanza de vuestros deberes tan mal practicados. (…) El ayudaros a conseguir fin tan alto y el único apetecible, me ha movido a hacer este pequeño trabajo, esto es, de poner en preguntas y respuestas, con las mismas palabras de Su Santidad, su inmortal encíclica; porque de este modo, o sea dadas en pequeñas dosis tan sublimes enseñanzas, penetraran mejor sus importantísimas verdades…» “Bendecid al oferente de este trabajo, Santísimo Padre, a fin de que logre con Vuestra Bendición Apostólica lo único que anhela su corazón en todas sus empresas: la mayor gloria de Dios y el bien temporal y eterno del prójimo, en especial de la clase obrera, por ser en estos tiempos malaventurados la más numerosa y la más necesitada”. Catecismo de los obreros. Dedicatoria al Papa León XIII.
2. “Todos buscan sus intereses, no los de Jesús”
Cuando tiemblan los cimientos: El Pleito.
Enrique de Ossó vivió, desde 1879 hasta el fin de su vida, una situación extrema de sufrimiento personal con un origen institucional a la vez que personal.
Al día siguiente de la inauguración del Colegio-Noviciado de Jesús, Tortosa, las monjas carmelitas (apoyadas por los tres sacerdotes que habían sido junto a él receptores del terreno) lo denunciaron. Los sacerdotes eran Jacinto Peñarroya, Mateu Auxachs y José Sánchez. Empieza un camino que acabará definitivamente en 1897, después de su muerte, con la sentencia definitiva en Roma, a favor de los denunciantes.
Enrique de Ossó probó, entonces, que sus mejores amigos, su diócesis de origen, Tortosa, muchas hermanas, y la Iglesia, lo dejaban de lado, dudaban de su buena fe, y extendían una mala fama que duró muchos más años que su vida.
Constatamos la capacidad de Enrique de Ossó de enfrentar el conflicto desde la hondura de una fe bien cimentada en el amor a Jesús y su proyecto, encarnado en la Iglesia de su tiempo.
La guía y eje fundamental en esta etapa de su vida, fue su determinación en buscar “Los intereses de Jesús” y su fidelidad a la verdad y la justicia; siendo así, los conflictos generados por “El Pleito” y todo el sufrimiento que le rodeó, no mermaron su fecundidad apostólica, siendo capaz de infundir a su obra predilecta, La Compañía, una vitalidad impresionante, atrayendo muchas vocaciones, abriendo sus alas, y esparciendo el Carisma Teresiano más allá de las fronteras de España, en múltiples direcciones.
Ante situaciones vitales en las que nos encontramos, tanto en lo personal, social y eclesial, en un mundo tan revuelto, sin estabilidad y grandes crisis, la tendencia natural es buscar y cuidar nuestros propios intereses, salvarnos de alguna manera. Nos sorprende que el deseo de Enrique es resguardar los intereses de Jesús, en medio de tantos pareceres y luchas, él queda en segundo plano.
Enrique, un Teresianista enamorado de Teresa, deseando dotar a Tortosa de un convento de contemplativas Descalzas y al mismo tiempo procurar un espacio donde se formen educadoras Teresianas, no se imaginaba el lío que se iba a armar. En este proyecto no va solo, son amigos y compañeros, el mismo Obispo Vilamitjana lo apoya inicialmente. Se genera un largo y doloroso peregrinar que supone una pérdida de credibilidad, quedándose prácticamente solo; incluso muchas de las hermanas van a dudar entre tanta contradicción.
Una mano extraña hizo desaparecer aquellos documentos que lo respaldaban y no saldrá la verdad a la luz, sino hasta el siglo XX, cuando el P. Tomás daría con ellos.
En resumen, descubrimos como claves fundamentales para nuestros tiempos en los que también se tambalean nuestros cimientos:
- Buscar la verdad con insistencia
- Confiar a pesar de todo
- No dañar la fraternidad y la unidad
- Defender los intereses de Jesús
Ten paciencia con tu siervo, que no por testarudez de su mente, sino por un grave deber de justicia y de conciencia está retenido en la Ciudad, implorando no un favor personal sino una actuación judicial y justicia por parte de la Sagrada Congregación de Obispos y regulares.
Pues he sido condenado por un ciertísimo y evidentísimo error judicial sin haber sido oído ni personalmente ni por medio de once documentos; estos documentos auténticos y gravísimos, aunque presentados en la Cancillería de la Sagrada Congregación, permitiéndolo Dios para probarme, fueron desconocidos tanto por ti, eminentísimo ponente, como por el reverendísimo sumista y por los eminentísimos cardenales que me condenaron por causa de unos alegatos mancos e incompletos.
Estoy totalmente cierto de un error judicial; y si los citados documentos, aunque sea una sola vez fueran leídos por ti o por el habilidoso sumista, al instante aparecería como de estricta justicia la necesidad de la revisión de la causa.
Se me ha indicado que me marche tranquilo de la Ciudad, pero amaestrado por una tristísima experiencia, de ninguna manera puedo hacerlo.” Súplica de don Enrique de Ossó pidiendo al cardenal prefecto que se dé un decreto de revisión de la sentencia o mejor aún de la “restitutio in integrum” de la misma. Roma, 2 de agosto de 1894.
3. “Por las olas del mar embravecido”
Cuando se quiebran los sueños: crisis interna de la Compañía
Enrique de Ossó era un hombre de sueños. Pero de sueños que se hacen realidad, su deseo y anhelo más grande, la Compañía de Santa Teresa de Jesús, fue su obra más fuerte, la de más éxito, aquella a la que dedicó más empeño. En cambio, aquello que más había deseado, la aprobación de la Congregración por parte de la Iglesia, el año 1888, fue también el principio de su separación de su obra amada. La pasión que Enrique de Ossó sentía por su obra no le permitía calibrar bien los límites de su participación. Las animadversiones que venían anexas al Decreto de Alabanza de la Santa Sede dejaban al fundador un papel mucho menor del que él había imaginado para sí mismo.
Después de los ajustes en las Constituciones, en diciembre de 1889 se convocó un Capítulo General según las nuevas normas. Salió elegida Superiora General la hermana Rosario Elies. Lo que sucedió después se ha focalizado mucho en una disputa personal entre Enrique de Ossó y Rosario Elies, pero se trata más bien de una profunda crisis institucional, donde todo el mundo tiene su papel. El final de esta crisis no es el mismo para Enrique de Ossó que para la Compañía. Él, tras un discernimiento, decidió apartarse en 1895. La Compañía, tras la muerte del fundador en 1896, siguió sumida en disputas. La situación quedó definitivamente superada en 1898 con el nuevo Generalato, en 1898. Conocer qué es lo que paso, y poner en su lugar a cada personaje es importante. Pero en este trabajo se priorizó ponerse en la situación de Enrique de Ossó: sus vivencias, su mirada hacia atrás, al final de su vida, de forma agridulce; sus actitudes, sus luchas, su capacidad de mirar hacia adelante. Este es uno de los momentos de mayor sufrimiento de Enrique. La experiencia de esta estación se recogió en una infografía donde se plasman las experiencias y certezas que formaron parte de la vivencia de esta crisis tan dolorosa para Enrique de Ossó y que nos ilumina para enfrentar situaciones similares que no faltan en nuestra propia vida y la vida de las instituciones de las que participamos.

En síntesis, nos sorprendió:
- La creatividad excepcional de una persona carismática que es maniatada por la institución eclesial.
- El silencio ante las negativas y el agradecimiento porque la Compañía sea aprobada por su querida Iglesia.
- La unidad y la caridad por encima de tener razón.
Enrique de Ossó, deseaba que las Teresianas de la Compañía, no usaran hábito, de manera que su tarea educadora fuera más cercana y sencilla. Sorprende la dureza de los comentarios del censor Lolli:
«Hablando acerca del vestido, las Constituciones prescriben p.45: “En ninguna cosa exterior no se deben distinguir de las doncellas honestas y seglares. Deben ser y son verdaderamente hermanas consagradas de esta sociedad, pero sin embargo no aparezcan tales al mundo. Por esta causa, nada que sepa a monjas, ni en palabras, celdas, noviciado, etc. debe admitirse entre ellas. Sean como son o no sean (nº 96). En casa usen hábito carmelitano…” Es ciertamente lamentable que, habiendo tenido la milicia de la Iglesia signos peculiares durante todos los siglos, por los cuales se distinguía a primera vista del enemigo, hoy, por no sé qué soplo del Espíritu (no sabemos qué espíritu lo ha inspirado) los cristianos, avergonzándose del Evangelio, se esconden en vestido profanos, abandonando los sagrados y propios. A partir de esta capitulación, aunque con la esperanza de una victoria más fácil, se originan muchas acciones malas y daños, -testigo soy yo de la experiencia-. Así pues, debe prescribirse absolutamente el hábito religioso, tanto en casa como fuera, a todos los miembros de cualquier familia religiosa, y, por tanto, a las mismas Hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Aquella frase “Sean como son o no sean” (sint ut sunt, aut non sint), que algunos tal vez han usado como expresión de piedad y fortaleza cristiana, es completamente altanera, y debe ser rechazada (ha de retractarse), ya que los hijos piden consejo al Padre, y no se exigen derechos”.
Cartas de Enrique tras las animadversiones:
(…) este mes dio Su Santidad el Decreto de aprobación de vuestras Constituciones. ¡Gracias infinitas a Jesús de Teresa y Teresa de Jesús! Alegraos y callaos… (30-9-1888)
Urgiendo la reimpresión de las Constituciones de las Hnas. de la Compañía de Santa Teresa de Jesús según las advertencias de la Sagrada Congregación, para cumplir lo que la misma ordena (…) nos dé copia o el original mismo comunicado de oficio de las mismas Advertencias. (21-11-1888)
Os mando las Constituciones como han venido de Roma. Os mando su fiel observancia, y a Vos la confío para que seáis Regla viva y lo hagáis a vuestras hermanas (A las provinciales 2-1-1889)
Única carta en la que muestra desacuerdo con las advertencias:
Si habla al Sr. Cardenal de Zaragoza, dígale del Decreto de Alabanza y recomendación de las Constituciones, y adviértale que no quieren que enseñemos a párvulos de masculino sexo y que queremos pedir a Roma nos lo concedan, y que le mandarás la solicitud a él para que la informe favorablemente. (A Rosario Elíes 2-1-1889)
4. “Contradicción de buenos”
Cuando se rompen las redes: relaciones con amigos, hermanas…
En este momento del camino, encontramos un Enrique de Ossó que encuentra dificultades en las obras apostólicas derivadas de malas relaciones personales. Enrique se lanza a aquello que puede facilitar sus sueños con emoción, y a veces sin medir el alcance de las promesas que le hacen y de sus propias fuerzas (y de la Compañía).
Tiene que ver con el sufrimiento inherente a llevar adelante proyectos apostólicos de gran envergadura, con múltiples riesgos implícitos y en los que el problema mayor es ver que los conflictos surgen de sus círculos cercanos.
Hay dos ejemplos paradigmáticos de fundaciones que llevaron excesivos problemas a su vida y a la vida de la Compañía.
Por una parte, la fundación de Orán, llevada a cabo el 1885 por insistencia del P. Catà, y que perduraría hasta el año 1971. La fundación estaba especialmente para niñas pobres. Desde el principio el dinero se manifestó como el principal problema de la fundación, aunque el hecho de que las hermanas no fueran ‘sumisas’ seguramente tuvo mucha importancia.
El segundo ejemplo es la fundación de La Almunia. En un contexto completamente diferente de Orán, el patrón del conflicto es esencialmente el mismo: dinero y hermanas que no se dejan gobernar. En este caso, el problema se agrava con la epidemia de cólera 1884-85, la gestión del ‘hospital’ por parte de la Compañía, la muerte de hermanas que habían ido voluntarias, y el fallecimiento de M. Cinta Talarn, una de las fundadoras.
Ambas experiencias reflejan la complejidad de los proyectos fundacionales de Enrique y las tensiones inherentes a la organización y gestión de estas obras apostólicas. De igual modo, pudimos ver un patrón interesante,
Otra situación que ilustra el conflicto causado por el carácter y la falta de flexibilidad de Enrique de Ossó es el problema del Tercer Centenario. La Archicofradía y la Compañía, las dos organizaciones teresianas más fuertes del siglo XIX no celebraron el tercer centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús junto con el resto de teresianos en Alba de Tormes y Ávila. Lo hicieron en Montserrat. La razón: desavenencias del fundador con la Junta organizadora. El encuentro con los textos nos llevó a reconocer varios elementos clave que nos iluminaron profundamente:

Enfatizamos especialmente:
1. El conflicto como consecuencia del compromiso
Las complicaciones y los conflictos acompañan inevitablemente a quienes, como Enrique, buscan generar novedad, se implican en proyectos por el Reino y pretenden trabajar en colaboración con otros. El sufrimiento surge como una consecuencia de su intento constante por expandir el alcance apostólico de la Compañía.
Sus mayores dolores no vinieron de enemigos declarados, sino de fricciones con personas de buenas intenciones, lo que generó “sueños quebrados”; y una sensación de estar “acorralado”; por su propia red de colaboradores. Enrique no quiere trabajar solo… trabaja solo; él acoge proyectos, confía en la palabra de las personas y es arriesgado al tejer redes con otros, lo que lo expone a la ruptura cuando los intereses no coinciden.
2. La vehemencia por los intereses de Jesús
En medio de la prueba, Enrique se muestra como un hombre persistente, vehemente y combativo; incansable en su labor, honesto en sus principios y, cuando se trata de los intereses de Jesús, inflexible y decidido. Su sufrimiento está marcado por la constante tensión entre los intereses de Jesús y las dificultades prácticas de sus proyectos. Ante la traición o la calumnia, Enrique se mantiene firme y centrado, defendiendo con rigor lo que considera justo.
3. Una confianza «arriesgada», ¿ingenua?
Una de las claves de su sufrimiento es que Enrique confía en la palabra de las personas y acoge proyectos de forma arriesgada. En ocasiones, da la sensación de poco perspicaz o ingenuo al prever conflictos, fiándose de personas que conocía superficialmente, como ocurrió con el P. Catá.
En resumen, las dificultades de Enrique de Ossó no fueron errores o fallos, sino el reflejo de su compromiso profundo y arriesgado con su misión. Su vida estuvo marcada por un sufrimiento que surgía de su esfuerzo por servir a los intereses de Jesús, la confianza en los demás y la constante lucha por la justicia y la verdad, a pesar de las traiciones y los conflictos.
Algunos textos significativos:
“Crea usted, mi buen amigo, que nos tienen escarmentados los buenos en estos casos; con el deseo que se haga y pronto todo lo prometen y después poco o nada se cumple. Aseguremos pues las bases…” (21 de febrero de 1883: Mariano García, Arcipreste, Almunia)
«Dile al sr. cura que andando por ese mal camino será fácil que lo retiren a él antes que nosotros dejemos eso […], nosotros veremos el triunfo de la justicia. Que se prepare”. (A Rosario Elíes el 23 de julio de 1886)
La frase refleja una decisión inamovible de permanencia. Su vehemencia nace de la convicción de que la Compañía está cumpliendo su contrato y que, por tanto, es la justicia la que debe prevalecer.
4. La vehemencia en la resistencia.
Lo mismo ocurre con la fundación de Orán. Aunque Enrique reconoce haber sido “poco perspicaz” al confiar inicialmente en Catá, una vez desatado el conflicto se muestra “vehemente, combatiente e incansable”; en la defensa de los intereses de la Compañía, que para él son los intereses de Jesús.
«No debéis salir de Orán, o África, por ningún estilo, suceda lo que suceda, a no ser que, atadas o por la fuerza os lleven al barco y no podáis escapar. Aun así, tenéis al Cónsul y os podéis acoger a su bandera. Esto supuesto, si os toman la casa (lo que no creo suceda), tomad alquilada; y por lo mismo, no conviene dejéis Orán, a lo menos por otro trimestre». (A la Hermana Teresa Plá en Orán, el 20 de abril de 1886)
5. “Profeta del Amor y la Esperanza”
Resquicios de Esperanza
La última etapa del trabajo del Seminario se centró en descubrir esos resquicios que en la realidad de hoy podemos encontrar dejándonos iluminar por la experiencia de Enrique de Ossó en la que habíamos ahondado en las estaciones anteriores, para compartir en la XI Cátedra de Enrique de Ossó, Avila, 2026.
Enfocamos cuatro grandes bloques de experiencias de sufrimiento que hoy nos interpelan:

Se formaron así, cuatro grupos para abordar estas realidades que contemplamos y nos convocan a atrevernos a tocar como parte de nuestro mundo actual y de nuestras propias experiencias. Desde cada una, resaltamos algunas de las propuestas que descubrimos en la postura vital de Enrique de Ossó:
1.- La capacidad de fortaleza y la confianza ilimitada en Dios ante las SOLEDADES DE LA VIDA
http://enriquedeosso.info/wp-content/uploads/2026/02/1.SUFRIMIENTO-POR-SOLEDAD-publicar.pdf
Enrique de Ossó tiene una amplia y profunda experiencia de soledad, de ser incomprendido y abandonado por amigos, sacerdotes, Hermanas de la Compañía… Esto no le llevó a vivir con amargura, desde la crítica, la desconfianza, etc. Esta le llevó a un profundo conocimiento del corazón humano y a conocerse sí mismo, a crecer y a identificarse con Jesús en su seguimiento. Ante ella mantuvo una fe inconmovible; vivió una vida de fe profunda. En su vida apostólica sufrió la “contradicción de buenos”, pero se sabe seguro en las manos de Dios; tuvo una confianza total en Él y esto le llevó a tener esperanza en medio de tanta dificultad o adversidad.
Él se calificó a sí mismo como el Solitario, así firmaba algunos de sus artículos de la Revista Teresiana. Y como tal, buscaba la soledad para hablar con Dios, para presentarle el mundo y sus proyectos teresianos, para abrirle su corazón y dejar que el amor creciera. Esta soledad le hace ahondar en su fe, en su amor, en el encuentro profundo con Dios en los largos tiempos de oración. Es una soledad fecunda, gestadora de proyectos y de su experiencia mística. En su vida desea amar a Jesús y hacerle conocer y amar a través de santa Teresa y con sus obras llevar la esperanza a su tiempo y su sociedad.
Busca la soledad en muchos momentos, le gustaba ir al desierto de Las Palmas y allí en la ermita de Santa Teresa dedicarse a la contemplación. Hasta el último momento, allí en el monasterio de Santo Espíritu, donde se encendió en él, más aún, el deseo del cielo.
“Paréceme que no estoy en mi centro; cada día se me hace más pesada la vida que llevo; quisiera más soledad y consagrarme más por entero a la vida de oración y recogimiento y a la vida apostólica teresiana. Dios y mi alma; Jesús y su Teresa con sus obras. La primera la Compañía y Misioneros. He aquí mi centro. Hasta que allí more, a la sombra del palomarcito de la Compañía, rodeado de almas buenas y de Misioneros teresianos, no tendré paz.
¿Cuándo será, Dios mío?, ¿cuándo será, Jesús mío?, ¿cuándo, Santa Teresa mía? Hacedlo como podéis y sabéis, Señor todopoderoso, pues nada hay imposible al que todo lo puede. Orad, hijas mías, para que llegue pronto este día.” Carta de E. de Ossó a Teresa Plá, stj (Tortosa, 77-11, 19-a)
Considerando esos resquicios más significativos, desde Enrique de Ossó para el sufrimiento del mundo de hoy, creemos que la soledad puede ser una oportunidad de crecimiento personal y de encuentro profundo con Dios, una experiencia que lleve a vivir desde la fe y la esperanza. Puede vivirse desde la frustración, el derrotismo y la desesperación o fortalecerse como persona, acercarse a Dios y ser capaces de desplegar el amor más generoso y gratuito con los demás. Enrique trata de responder a las necesidades de su tiempo y para ello dedica tiempo al encuentro con Dios, mira la realidad y en la soledad se abre al Espíritu Santo y secunda sus inspiraciones. El amor le lleva a buscar estrategias para dar respuesta a los problemas del hombre de su tiempo y lo hace con creatividad. Actitudes que deberíamos tener para responder al sufrimiento de nuestro mundo hoy:
- Soledad-Sufrimiento: aceptación de la “Contradicción de buenos”, incomprendido y abandonado.
- Soledad-Fecundidad: espacio de sanación, reorientación y apostolado.
- Actitud contracultural: búsqueda consciente del silencio como estrategia para enfrentar la adversidad.
- Novedad radical: no aceptar la soledad como un estado monolítico, sino vivir y transfigurar su tensión dinámica.
- Motor de transformación: la soledad impuesta se convierte en el motor de su mística, pedagogía y acción apostólica.
“Que el mundo entero pueda saborear las delicias que se gozan en el servicio del Señor, en la paz, en la pacífica y tranquila soledad”. (Revista Teresiana 25, 1874)
¿Cuál es nuestra esperanza? Nuestra esperanza debe de estar en verdad fundada en la bondad de Dios, en su omnipotencia, en su fidelidad: pero esto no basta, debemos por nuestra parte ayudarnos. Dios que nos hizo sin nosotros, no nos salvará sin nosotros, enseña san Agustín; y por lo mismo es necesaria nuestra cooperación y buenas obras. (Devoto Josefino)
2.- Ante el sufrimiento actual de la juventud: UNA INVITACIÓN A NO SCROLLEAR LA VIDA
http://enriquedeosso.info/wp-content/uploads/2026/02/2.SUFRIMIENTO-DE-LOS-JOVENES-Publicar.pdf
Ante la búsqueda de sentido vital más allá de las instituciones: el descubrimiento de un Dios cercano, búsqueda espiritual y de sentido de vida.
En el contexto actual percibimos:
- Desilusión vital y desesperanza (inestabilidad laboral, cambio climático, relaciones inestables, futuro incierto, polarización creciente, aumento de los conflictos…).
- Rechazo y desconfianza hacia las instituciones (incluida la Iglesia)
- Contraste tecnología-instituciones (rapidez, accesibilidad, adaptabilidad, flexibilidad, novedad, inmediatez… vs. lentitud y rigidez institucional)
- Nuevos referentes. Individualismo: salvación individual, personalizada y flexible. No participación institucional.
- Valor de las experiencias. Vivir lo comunitario como “compartir” con otros.
Enrique nos propone descubrir los resquicios de esperanza:
- Se plantean cuestiones fundamentales – búsqueda de sentido (“¿merece la pena vivir?”, “¿para qué vivir?”, buscando sentido y propósito en medio de un mundo complejo y cambiante).
- Búsqueda de espiritualidad flexible (deseo de trascendencia y espiritualidad, pero de formas nuevas y flexibles. Eligiendo aquello que encaja con sus intereses y ritmo de vida) / O volver a estructuras anteriores
- Movimientos alternativos ante la vulnerabilidad (ecológicos, sociales…)
- Valoran modelos de vida auténticos, creíbles, fiables.
La novedad que descubrimos:
- CERCANÍA: Vivencia personal de un Dios cercano y transformador. Sta. Teresa: como inspiración al estilo “influencer”, como “compañera de camino”, como modelo de fe, de profundidad y de audacia asequible a cualquiera.
“¿Por qué presentamos a un Jesús teórico y no a un Jesús real y práctico? ¿Será porque no lo amamos como deberíamos? Jesús es nuestro hermano, carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre y hueso de nuestros huesos. Este Jesús, verdadero, vivo, Dios y hombre personal, fue visto en la tierra, vivió y habló con la gente…” (Prólogo del Mes en la Escuela del Sagrado Corazón de Jesús, EEO III, pág. 456-457)
Ante las dificultades para construir la propia identidad: “ganar la vida” desde la interioridad y la autenticidad.
En el contexto actual percibimos:
- Crisis institucional
- Cultura consumista y superficial (sobrevaloración imagen → validación externa)
- Cultura del descarte (margina lo que no encaja o no “vende”)
- Falta de silencio, reflexión y pensamiento crítico
- Desorientados: entre lo que son – lo que deben de mostrar.
- Incomodidad e inseguridad con lo que proyectan.
- Dificultad para afrontar la frustración y miedo al compromiso personal.
Enrique nos propone descubrir los resquicios de esperanza, en muchos jóvenes:
- Buscan autoconocimiento y una identidad más auténtica
- Buscan respeto hacia la diversidad de identidades (incluida la sexual).
- Movimiento hacia: redescubrimiento personal, la vida más pausada, conciencia y gestión emocional
La novedad que descubrimos:
- La oración teresiana y el descubrir a Dios interiormente como un discernimiento y un autoconocimiento que da claridad de propósito y autenticidad. → Permite vivir con sentido: saber qué significa realmente “ganar la vida”, y hacerlo siendo fiel a uno mismo, sin máscaras, con honestidad y coherencia.
“Cuántas veces me he preguntado: ¿Qué es lo que pasa en mi interior? ¿Qué es lo que observo en mi corazón? ¿De dónde me ha nacido esa fuerza irresistible, nunca sentida, que vehemente me impulsa a conocer y seguir el camino de la virtud, arrimado a la fuerte columna de la oración?” (Revista Teresiana 38, 1875)
Ante los problemas mentales y de bienestar emocional: resiliencia e ilusión; escucha y diálogo, flexibilidad y adaptabilidad. Salud Mental y Bienestar emocional.
En el contexto actual percibimos:
- El constante scrolling vital dificulta crear, reflexionar, profundizar, tener autonomía, gestionar las emociones… → Enfrentan ansiedad, depresión, inseguridad, frustración, presión ante las expectativas….
- Hay cada vez más un discurso que valora la fortaleza individual y desprecia la fragilidad y la vulnerabilidad.
Enrique nos propone descubrir los resquicios de esperanza:
- Movimiento incipiente de mayor conciencia de la importancia de cuidar su salud emocional y libertad para hablar de ello
- Crece la empatía hacia el propio sufrimiento y el de los demás
- Reconocen la necesidad de momentos de cuidado, relax y equilibrio emocional.
→ potencia el apoyo mutuo y el acompañamiento, que permiten compartir experiencias y sostenerse en los desafíos de la vida.
La novedad que descubrimos desde la vida de Enrique como modelo:
- Aceptación de los cambios, resiliencia y respuesta creativa → Flexibilidad, y adaptabilidad.
- El dialogar, el compartir y el escuchar (interior y exterior), se convierten en un modo de cuidado de las personas → Ilusión y esperanza
Ante el aislamiento relacional: la vinculación en medio de la fragilidad y la importancia de la propia responsabilidad en la creación de vínculos significativos.
En el contexto actual percibimos:
- La digitalización genera aislamiento relacional y dificulta la construcción de vínculos auténticos
- Tensión individualismo-compromiso con los demás
- Brecha intergeneracional
- La sociedad alimenta la polarización (modo de aislamiento)
- La escuela como institución que socializa, está lejos de las expectativas juveniles (necesidad de aprendizajes más participativos y significativos)
Enrique nos propone descubrir los resquicios de esperanza:
- Necesidad de vincularse y de pertenecer a una “comunidad”, aunque bajo formas nuevas
- Emergen modos comunitarios y de participación no institucionalizados.
La novedad que descubrimos:
- Generar redes y vínculos en medio de la fragilidad
- Estilo de liderazgo circular → Implicar y dar protagonismo a otros.
- Todos son validados y responsables,
- Fortalecer relaciones auténticas.
En ese “Organicémonos” que Enrique propone, son centrales la Unión, Redes y Fraternidad → identificar que no estamos solos y que nos podemos, no solo sostener, sino crecer y crear juntos.
Otros textos clave que compartimos:
“Hay una soledad de las almas que es digna de llorarse y que causa todos o la mayor parte de los males del mundo, males de los que nosotros, por otro lado, no sabemos darnos cuenta.
Es una verdad que está en la conciencia de todos que nunca se ha vivido tan aprisa como hoy. El vapor y la electricidad han acortado de tal modo las distancias, que cada nación es una provincia, y cada una de las cinco partes del globo apenas llega a una nación. Todo tiende a la unidad o unificación. Y por eso los acontecimientos se multiplican y se condensan, y todo lo que pasa en la gran familia humana se sabe, se comenta en todos los lugares en un mismo momento. Y como el campo donde se realizan los sucesos es inmenso, y donde los leemos y nos los representamos es muy reducido, de ahí la violencia que ejerce su acción sobre los espíritus, que los gasta y los destruye en poco tiempo.” Revista Teresiana 166, 1886. Desde la Soledad
(…) Merced a estos adelantos me multiplico por todas partes, es verdad; mas también lo es que esa misma actividad me consume y me precipita a la vida exterior. Presa de un vertiginoso torbellino, soy arrastrado por los sucesos de la vida, y el alma, ocupada toda en esa inmensidad de cosas exteriores, que se suceden con más rapidez que las olas en día de agitado mar, es traída y llevada por los objetos fuera de sí, y nada la satisface, y se halla en espantosa soledad.
¡Oh cuán diferente es esta soledad, tristísima, de la soledad apacible que el alma pasa por Dios o según Dios! Revista Teresiana 166, 1886. Desde la Soledad
3.- Ante las relaciones conflictivas: HACER VERDAD EN LA ADVERSIDAD
En la actualidad, las relaciones conflictivas se perciben de manera evidente en distintos ámbitos de la vida cotidiana. En el ámbito familiar, laboral, en la sociedad en general, la polarización política y social, junto con la desinformación y la exposición constante a redes digitales, intensifican los enfrentamientos y debilitan la empatía, generando un clima de desconfianza y confrontación.
Frente a estos “ambientes no pacíficos”, Enrique de Ossó propone un camino para transitar de la confrontación destructiva hacia la construcción de puentes, basado en una espiritualidad sólida, activa y teresiana.
- La “contradicción de buenos”. El Cuidado de la Fraternidad por encima del Conflicto.
Esta actitud representa quizás la novedad más significativa en el ámbito de las relaciones humanas: priorizar el cuidado de la fraternidad incluso en medio de desacuerdos profundos entre personas que buscan el bien. No se trata de ganar discusiones ni de imponer ideas. Se trata de no hablar mal de nadie, proteger la dignidad de las personas y mantener la unidad del grupo. La paz se sostiene con respeto, oración y discreción, evitando que los conflictos se vuelvan públicos o dañen la comunidad.
- El Discernimiento como DIÁLOGO “por hacer Verdad».
En un mundo marcado por la rapidez, la polarización y los conflictos inmediatos, EO propone el discernimiento como un proceso reflexivo y compartido, donde la verdad se construye en diálogo con uno mismo, con Dios, con el otro/a, con la realidad y se evitan decisiones impulsivas que puedan empeorar los conflictos. La persona que practica el discernimiento se abre, busca la VERDAD, confronta sus ideas y se deja confrontar por otros, siempre buscando lo que mejor sirve al bien común, más allá de intereses personales o posturas rígidas. El objetivo final es tomar decisiones serenas, prudentes y caritativas, fomentando la armonía y la cooperación incluso en relaciones tensas, marcadas por desacuerdos o rivalidades.
- La Esperanza como «Rendija» y «Resquicio» regenerador.
Enrique de Ossó sostiene que incluso cuando las relaciones parecen rotas, tensas o marcadas por conflictos constantes bajo la “apariencia de fracaso” existen gérmenes de vida y restauración, capaces de regenerar la comunicación y la confianza. Para rescatarlos, es necesaria una esperanza audaz que permite mirar más allá de las heridas personales y de la incomodidad diaria, y apueste por la reconciliación.
Este proceso se apoya en la magnanimidad, que invita a elevar la mirada por encima de las disputas para priorizar el bien común y la armonía. Finalmente, la sabiduría relacional permite actuar con prudencia, identificando los momentos oportunos para ceder y permitir que los vínculos se reconstruyan de forma duradera.
- De la lamentación a la ACCIÓN.
Frente a la adversidad y a las relaciones rotas, EO nos propone un cambio de postura vital que transforme la queja en acción incluso cuando hay conflictos o dificultades.
No basta con lamentarnos; debemos tomar iniciativas concretas que generen bien y mejoren la situación,.Esto va de la mano con un celo apostólico: mantener el compromiso de “hacer conocer y amar a Jesús, perseverando en nuestra misión a pesar de los problemas personales o de la comunidad.
Toda esta respuesta ante el conflicto se sustenta en una espiritualidad sólida y bien arraigada en el amor a Jesús y el legado de Santa Teresa. Esta fe profunda es la que otorga la templanza necesaria para actuar con prudencia, esperanza y constancia en medio de la dificultad.
No detener la misión: El conflicto no debe paralizar el «celo apostólico». Enrique de Ossó expresó: «No me vaya de este mundo… sin haberos amado y hecho conocer y amar cuanto me es posible», demostrando que la tensión con otros «buenos» no disminuye su compromiso,
El siguiente texto revela la profundidad y seriedad con que Enrique discierne para hacer verdad y dejar espacio a otros:
“Un sacerdote ha 19 años fundó una Congregación de Enseñanza de doncellas, extendida ya por España y América y con casas en Portugal y África. Tiene sus Reglas, con el Decreto de Alabanza de la Santa Sede, y está para aprobarse definitivamente según dicen de Roma.
Tiene dicho sacerdote ha más de 20 años pensamiento de fundar otra obra de celo; y piensa es llegada la hora de hacerlo y no ocuparse como hasta aquí, casi exclusivamente, de dicha Congregación, que ya parece no necesita de su concurso. Se desea saber y se pregunta si, al dedicarse a las obras nuevas de celo de lleno, dejando de ocuparse tanto como hasta aquí en dicha Congregación, ¿Es voluntad de Dios? Sí, porque…
- Tiene de Roma mandado que dicha Congregación se ha de gobernar por el solo Consejo General.
- El año pasado, seis meses seguidos estuvo ausente de España el Fundador y siguió bien.
- Este año ha estado algunos meses fuera y ha seguido bien.
- Ya se acostumbra a resolver cosas graves el Consejo General sin decirle nada, aunque esté cerca.
- Se contradice pública y privadamente sus disposiciones de Fundador y de Padre, impidiendo que las Hermanas lo cumplan.
- No se ve confianza como antes, y ocultan y falsifican muchas cosas, etc. etc.
Nota: Ayuden a conocer la voluntad de Dios, añadiendo razones en pro y en contra.
E. de Ossó (Hecho y su fiel exposición, día 3 de septiembre de 1895)
4.- Ante el sufrimiento institucional: REdGENERACIÓN
http://enriquedeosso.info/wp-content/uploads/2026/02/4.SUFRIMIENTO-INSTITUCIONAL-publicar.pdf
Uno de los ámbitos que más sufrimiento provocó a Enrique fue el institucional: el pleito con la Iglesia institución, la crisis con la Compañía, pero también con instituciones u organismos que le pedían fundaciones y no cumplían luego lo prometido. Todos hemos sufrido muchas veces los conflictos con y en las estructuras y cuanto más estructurada es la institución en la que vivimos, mayor sufrimiento solemos tener. En ocasiones tenemos la sensación de no ser escuchados, que siempre deciden los mismos, que dejas de hacer una labor y desapareces del mapa para todos…. Parece que todo nos llama a abandonar lo institucional, pero Enrique sabía de la importancia de estar organizados, escribió muy al comienzo de su andadura evangelizadora, los conocidos artículos del Organicémonos (RT 51 y 52 Dic 1876 y Enero 77) en los que anima a la organización de los católicos, pero tanto en estos artículos como en muchos otros de manera indirecta o con sus actitudes vitales podemos sacar luces para vivir este sufrimiento, y estrategias para cambiar las estructuras obsoletas.
“Se ve uno enredado en tantas cosas, que no se sabe por dónde salirse o escapar de estas redes y enredos santos. ¡Benditos enredos y benditas y redes!” Revista Teresiana 109. Octubre 1881
La novedad que nos ofrece Enrique: REGENERAR, GENERANDO RED de una estructura piramidal a una estructura de red. Red de personas diversas, comprometidas, al estilo de Teresa.
- Estructura tipo red: todos somos importantes, todos aportamos (diálogo- sinodalidad).
- La institución es un medio, no un fin, para generar respuestas, el objetivo no es mantener estructuras por costumbre o por muy “santas” que sean.
“El mal de nuestros días (…), no se cura con organización ni asociaciones (…) El espíritu es el que vivifica; no la carne o el ropaje exterior”
- Crear estructuras sólidas – organizadas pero flexibles (Compañía – Archicofradía M.T.A.) que respondan a la realidad.
”…cambiadas las circunstancias debe cambiarse la norma de conducta”
- Reforma desde dentro (fidelidad de Enrique a la Iglesia institucional). Trabajar por reformar sin abandonar.
“Luego al tratarse de organizar, de ordenar, de edificar, no debe descuidarse lo que ha de contribuir más eficazmente a mantener la unión en este organismo; lo que ha de unir las piedras para levantar el edificio”.
- Cada persona es importante por sí misma y debe cuidarse personalmente (reflexión personal, oración, tiempos personales…) y ser cuidada por la institución (tener palabra, digna de confianza, respetar su proceso…).
Las “cabezas estén conformes” “Se necesita de continuo mucho espíritu de sacrificio (…) Y esto, sin pedirlo todos los días en la oración, no se alcanza” (Textos de Organicémonos – Revista Teresiana 51, 1876 y 52, 1877)
